bueno, os la dejo, fué muy bonita, eran unos paisajes preciosos.
Ya os iré contando otras rutas que hagamos, tanto en coche
como en moto.
Espero que os guste.
ÉSTA ES NUESTRA PEQUEÑA RUTA EXTREMEÑA.
Al final, pendientes de la evolución de las nieblas de éstos días, decidimos salir, al ver desde el jardín de casa todo despejado……
Pero al pasar Alcázar de San Juan empezó una deeeeensa capa de niebla que nos acompañó hasta los montes de Toledo. Pasamos por Sonseca, hacia Cuerva y Mazarambroz (CM 410) y Menasalbas, hacia Navahermosa (CM401) y Los Navalmorales, donde repostamos, pues las gasolineras escasean por la zona. En Nava de Ricomalillo, repostaron nuestros estómagos y nos calentamos un poquito. ¡Que bien sienta ése cafelito al amor de una buena calefacción de un bar de pueblo! De todas maneras, el paisaje no empieza a llamar mucho la atención hasta llegar al PUERTO DE SAN VICENTE, entre Castilla la Mancha y Extremadura.
Aquí mi chica posa orgullosa de haber llegado a “buen puerto”.
Estamos en el límite de Castilla la Mancha y Extremadura, con unas vistas preciosas.
Después nos acercamos por la EX 102 hacia Alia para tomar rumbo a Guadalupe. Íbamos con un poquito de prisa para llegar a comer a Guadalupe y no hicimos muchas fotos de los paisajes tan bonitos de la zona, con bosques de pinos, castaños, robles, jarales, abedules. Verdaderamente impresionante, porque aquí, en cada rotonda, dan ganas de desviarte para coger cualquier rumbo y perderte por esas carreteras solitarias rodeadas de abigarrados bosques. Así que después de comer y pasear por Guadalupe, nos desviamos a Cañamero, para disfrutar un poco del paisaje de Las Villuercas, antes de ir a la casa rural en Valdecaballeros. A partir de aquí, nada tiene desperdicio:
Buenas curvitas entre puertos. En general, buena carretera.
Picos de la Peña del Águila.
Mi chica frente al Monasterio de Guadalupe. La parte superior está cortada, porque la foto la hice con el móvil y tuve que inclinarlo por problemas de luz. Estaba anocheciendo.
Aquí estoy con cara de satisfacción, después de comernos unas morcillas de Guadalupe típicas, queso de los Ibores, unas judías estofadas de esas de “la abuela” y unos solomillos a la brasa. ¡Dios! ¡Qué comida más exquisita! De postre arroz con leche. Nos sacaron un riquísimo vino de pitarra, típico de la zona, pero, ¡buaaaaaa! A pesar de lo bien que entraba, sólo me atreví con un sorbo, porque había que ir a Valdecaballeros (30 km) a la casa rural. Una comida fabulosa, en el restaurante Altamira, junto a la plaza. Lo lleva una familia encantadora. Por treinta leuritos nos pusimos como… ¡Bien lo sabe Babieca que nos tuvo que llevar después, la pobre! ¡Menuda leona!
Después del arroz con leche ¡la leche, como nos pusimos! Por mi careto, veréis que estoy para reventar.
Detalle de una calle de Guadalupe. Merece la pena pasear por sus callejas antiguas, llenas de tiendas de artesanía y de productos típicos.
Vista parcial de la plaza desde la escalinata de la iglesia.
Como os he dicho, aunque anochecía ya casi, salimos de Guadalupe y nos desviamos hasta Cañameros para disfrutar de los preciosos paisajes.
Llegamos a la casa rural Valdexpacio, una preciosa casona regentada por Aurora, que nos atendió con una familiaridad enorme, sacándonos una botellita de vino tinto buenísimo y algo calentito para picar. Tuvimos la suerte de ser los únicos inquilinos en toda la casa, con lo que nos sentimos tan a gusto, que nos daba pereza salir. Aurora es una gran filósofa con una conversación interesantísima.
Al día siguiente, una niebla que parecía ya lejana, vino a despertarnos. Pero quisimos probar suerte y saliendo a medio día por la ruta de los pantanos, fuimos hacia Puebla de Alcocer, pasando el impresionante embalse de García Solá y unos cuantos más que veréis en la panorámica desde el castillo de Puebla de Alcocer. A partir del embalse, caprichos del destino, la niebla se fue, de vacaciones……de momento.
Camino de los embalses. La carretera siempre entre bosques y embalses.
En el embalse.
¡Ufffff! ¡Menudo lío de embalses! Pero, ¡Qué gozada!
Seguimos a Puebla de Alcocer. Vamos a visitar el Castillo, desde donde se ven unas preciosas vistas de la comarca. Me han dicho que la subida no es muy buena para motos (de carretera, jeje, no para nuestras monturas).
Arriba el castillo. Eso no es la carretera, sino la muralla, jeje.
Arriba ya en el castillo. La subida no es cómoda, pero qué os voy a decir del poderío de nuestras yeguas, para pasar sin enterarnos sobre los adoquines mal puestos de las calles en pronunciadas cuestas que se retuercen ascendiendo al castillo.
Desde la puerta del castillo.
Una de las vistas desde arriba.
¿Veis esa nave extraterrestre al pie del castillo? Pues es un restaurante estupendo donde estuvimos comiendo, con unas vistas espectaculares desde sus paredes-ventanales. No me acuerdo cómo se llama, pero es el único junto al castillo.
No se suele estar muy triste después de una buena comida.
Más panorámicas y fotos del castillo y alrededores.
Fijaos qué chimenea en lo que fue la primera planta.
Detalle desde los adarves o paseos entre las almenas.
Detalle de una de las salas. Pese a la inversión que dicen los carteles que se ha hecho, el castillo está prácticamente en ruinas. Es una pena, porque debió ser impresionante en el siglo XV.
Bueno, pues esto dio de sí día y medio, porque la niebla que se había tomado vacaciones, se aburría sóla y vino a hacernos compañía en el camino de vuelta. Regresamos por la N430 hacia Ciudad Real, estupendamente durante unos 30km sin ella. Pero la muy…. Nos estaba esperando en los montes de Ciudad Real y ya se hacía insoportable a la altura de Piedrabuena. Un poco antes repostamos y me informé de que por ahí la niebla no había llegado a levantar en dos dias. La idea era estar de vuelta en casa al anochecer, pero valoramos el peligro de una niebla densa con la noche encima. Así que echamos mano de internet y encontramos en Piedrabuena un Hotelito en la carretera que nos resultó acogedor y nada caro. Se llama Los Pucheros. Cenamos allí y a descansar. Por cierto tienen muy buena carne a la brasa, de su propia ganadería que pasta por sus dehesas y a buen precio. Y a dormir, jeje!
Al levantarnos la niebla nos dio los buenos días. Nosotros también. Pero había que volver, estábamos a unos treinta km de Ciudad Real y de allí ya teníamos autovía hasta Tomelloso, que está a unos veinte de casa.
Esta es la última fotito de la ruta en un bareto de Tomelloso, donde repusimos fuerzas y cogimos calorcito antes de llegar a casita.
Ha sido una ruta especial para terminar el año.






















